| Hasta que el
precio nos separe
La fidelización de los clientes
es una de las metas clave para cualquier e-comerciante. Amenudo,
se procede a fidelizar a los clientes después de haberlos
segmentado y seleccionado como rentables. En nuestra estrategia,
hemos valorado que vale la pena invertir tiempo y recursos en
determinados tipos de clientes dado su potencial de rentabilidad
y nuestra capacidad para mantenerles satisfechos. El problema
es que los consumidores tienen un concepto de la fidelidad bastante
lábil, por eso, en el momento menos pensado, pueden dejarnos.
Las políticas de precios juegan un papel importante en
este tipo de comportamientos. Por otra parte, conviene recordar
que, en no pocas ocasiones, los clientes que un día se
fueron, vuelven, porque recuerdan que les brindábamos
una buena calidad de atención y porque el factor precio
ha perdido importancia para ellos. Con todo, los episodios de
infidelidad, además de poco predecibles, son costosos.
Por necesidad, en un momento como el actual, la fidelidad pasa
a tener un significado más amplio y menos restrictivo.
El cliente se comporta como un blanco
móvil
En internet los consumidores se han acostumbrado
a bucear en busca de gangas, de un precio realmente bajo que
justifique la compra online en lugar de desplazarse hasta un
establecimiento a pie de calle. En este contexto, fidelizar
resulta bastante difícil y todo va a depender, en gran
medida, de la percepción de marca y del grado de confianza
que el cliente pueda llegar a sentir en la misma.
Es decir, la mayor parte de los cibercompradores
son infieles desde el principio, y ello se debe a que al comercio
electrónico y a las marcas digitales aún les queda
un largo trecho por recorrer hasta alcanzar el potencial de
fidelización que tienen algunas marcas en el comercio
tradicional. Los clientes, por su parte, también necesitan
aprender a utilizar el nuevo medio y a detectar sus ventajas
y desventajas. Como en el amor, la vía más rápida
para volverse un experto en cuestiones sentimentales y prácticas
es probar aquí y allí... ser dulcemente infieles.
Con todo, cabe preguntarse si existe, en
realidad, un perfil determinado de cliente que aporte más
potencial de fidelidad que otros.
Para empezar, el cliente online se comporta
como un blanco móvil. No sólo porque salta de
un site a otro en busca del mejor precio, sino porque el perfil
de ese cliente ideal teórico está cambiando constantemente.
Si, en su momento, el cliente típico de un comercio online
era un varón de edad media y con un poder adquisitivo
relativamente elevado que compraba artículos o servicios
relacionados con la tecnología, hace ya mucho que las
cosas han cambiado.
En los EE.UU., por ejemplo, después
de la pasada temporada de fin de año, el cliente teórico
típico de internet ya no es un hombre de edad media,
sino una mujer algo más madura, que no tiene ningún
interés en particular por la cacharrería tecnológica
relacionada con la música o lo audiovisual.
Quizás en unos meses, el cliente
teórico típico sea completamente distinto. Ello
significa que el valor de la marca y del producto es bastante
transitorio todavía para una mayoría de internautas.
Y que las empresas deben redefinir constantemente su noción
de lo que es un 'cliente rentable'.
Durante 2001 la principal razón
por la que muchos compradores se fijaron por primera vez en
internet como medio de consumo es que percibieron la potencia
de la red para comparar precios y calidades de productos y poder
detectar auténticas gangas de las que aprovecharse, online
u offline, pero utilizando internet como herramienta básica
de apoyo a la compra.
A medida que la red se va popularizando
y el acceso de capas sociales con menor capacidad de gasto va
engrosando la población internauta, el precio se transforma
en un elemento esencial, antes que cualquiera otra consideración
relativa a la marca o a la calidad del servicio.
Dar la vuelta a una situación
paradójica
Por otra parte, los e-comerciantes han
conseguido aprender cómo reducir el precio de adquisición
de nuevos clientes, utilizando hábilmente la tecnología
y desarrollando novedosas estrategias de márketing. Es
decir, cuesta ahora mucho menos que antes adquirir un nuevo
cliente, y llegan más clientes. Pero clientes que, unitariamente,
tienden a gastar menos y que son, además, menos fieles
que nunca.
A la postre, esa reducción en el
coste de adquisición de clientes podría volverse
en contra del propio negocio, ya que equivaldría a tirar
pequeñas cantidades de dinero miles de veces a lo largo
de un tiempo determinado. Lo que nos retrotrae, al menos en
los resultados, a la situación de cuando conseguir un
cliente online era mucho más costoso que ahora y los
presupuestos de márketing suponían casi el 75%
del gasto total de no pocas 'punto.com'
Para captar este nuevo tipo de clientes
de aluvión, buscadores compulsivos de ofertas, los e-comerciantes
se enfrentan al reto de poder reducir los precios de venta de
sus productos y servicios, a la vez que consiguen hacer que
sea rentable seguir vendiéndolos. Atraer clientes sin
tener que regalar la mercadería no resulta nada fácil.
Y puede llegar a convertirse en una trampa, en especial en épocas
como la actual, de recesión, en la que conseguir determinadas
metas de ingresos o de ventas, 'como sea', resulta prioritario
para el management a corto plazo de muchos negocios.
Sin embargo, no es imposible darle la vuelta
a una situación paradójica como esta. Según
la consultora Forrester Research, además de ser esenciales
para crear masa de negocio en una situación de estancamiento
económico, los clientes de aluvión, esa gente
que llega en masa y compra una sola vez en un site, constituyen
mucho más que un vendaval pasajero y hasta contraproducente.
En realidad, señala la consultora, son un activo básico
para el comercio electrónico en general, puesto que son
los que sientan el ritmo de adopción del comercio electrónico
y rompen poco a poco las barreras haciendo de internet un medio
comercial cada vez más popular.
Forrester señala que este tipo de
clientes pueden ser definidos como "money to spend",
es decir, gente que tiene una cantidad de dinero que desea gastar,
pero, eso sí, en una ganga o en una oferta difícil
de rechazar.
Como quiera que, en la situación
actual, la mayor parte de los cibercompradores se comporta de
este modo, Forrester aconseja aprovechar la marea y convertirlos
en agentes promocionales de nuestro negocio. Es decir, sorprenderles
con una atención esmerada, como si fueran clientes de
toda la vida. Conseguir que transmitan su impresión y
su sorpresa a otros/as amigos/as o colegas, y dejar en ellos
una impronta lo suficientemente importante como para que vuelvan
más adelante. Que nos recuerden con particular satisfacción
de entre toda su lista de amantes.
La consultora sostiene que el cliente perfecto,
al final, es cualquiera que está lo suficientemente contento
con la experiencia de compra como para agendarse una posible
vuelta a nuestra tienda -aunque sea sólo por curiosidad-
y comentar las excelencias de nuestro site a unos cuantos amigos.
Incluso si no vuelve a comprarnos nada en muchísimo tiempo.
Esto es, en cierta forma, lo mismo que
hacer un "branding de guerrilla", es decir, proyectar
lo esencial de la marca en unos instantes, y convertir a ese
pasajero ocasional en un agente que trabaje a nuestro favor.
Desde luego, cambia mucho el trabajo y la estrategia con respecto
a lo que entendemos más tradicionalmente como fidelización,
basada, sobretodo, en un largo e intenso diálogo entre
un mismo cliente y una misma empresa. Con clientes de aluvión
no tiene sentido insistir en algo que no les interesa, pero
sí darles a entender que tenemos algo que, más
adelante, cuando esté preparado, podría interesarles.
Aquí cobra un papel esencial el
márketing viral y la agilidad de la empresa para modular
precios y oferta de producto adaptándose a las distintas
mareas. Desde luego, esta experiencia puede ser un pozo de sabiduría
de la cual beber para aprender a fortalecer la fidelidad de
los clientes ya conseguidos, aquellos que no pertenecen al aluvión
y que están con nosotros, al menos de momento, por muchas
otras cosas más que por el precio. La situación
actual, en todo caso, es útil también para recordarnos
que siempre tenemos un límite para maniobrar con los
costes, pero que no tenemos limíte para desarrollar la
calidad y la agilidad necesaria para poder afrontar la realidad
de que estamos juntos "hasta que el precio nos separe".
FUENTE: Federico Hernández
Plasencia
para Emarketeer.
FECHA: 14/2/2002
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